No es otro año más, es el año

No me voy a regañar, ni enfadar conmigo misma, ni decepcionar. Simplemente me voy a aceptar, porque lo que hacemos con nuestras vidas y las decisiones que tomamos en cada momento son las correctas, aunque puedan parecer incorrectas para otros o incluso para nosotros mismos.

Por eso, quiero comenzar este post, que seguramente será el último del año, reflexionando sobre todo lo que he aprendido durante estos últimos 365 días. Creo que han sido los más inspiradores, transformadores y emocionantes de los últimos tiempos. ¡Empezamos!

Los que me conocéis de toda la vida, o desde hace mucho tiempo, sabéis bien que mi vida ha tenido muchos altibajos (aunque, hasta ahora, yo veía y pronunciaba más los «bajos»). Pero de todos esos altibajos he sabido salir, mejor o peor, pero salir al fin y al cabo. Y lo mejor es que siempre he salido más fuerte, más espabilada (aunque de vez en cuando volviera a dormirme un poquito).

Como a muchos de vosotros, el universo también se ha reído de mí. Vamos, que parece que le divierte ver cómo reaccionamos cuando nos toca pasar por esas «mierdecitas». Yo me imagino al dueño del universo y a sus asistentes mirando todo desde una lupa, diciendo: «¡Jajajaja, mirad a esta! ¡Mira a ese! Vamos a ponedles otro obstáculo, ¡jajajaja, qué divertido!». En mi cabeza, me los imagino pasándolo súper bien a costa de nuestras vidas.

Yo también me lo he pasado bien durante lo bueno y lo malo. Lo único es que, cuando pasaban cosas malas, me enfadaba, lloraba, me preguntaba: «¿Por qué yo?». Le contaba a todo el mundo mis penas, me daba pena de mí misma y repetía una y otra vez lo miserable que era. En bucle, gritaba al universo y le daba la razón: «No soy suficiente».

¿Y qué pasó? Pues os cuento qué pasó en 2024…

Llegó un momento en el que pensé: «Vamos a ver, Nuria, llevas muchos años (por no decir toda la puñetera vida) sintiéndote mal contigo misma y culpando a los demás o al universo de tus miserias… ¿y eso a dónde te ha llevado?»

La respuesta a esa pregunta ha sido lo que lo ha cambiado todo. Y esa respuesta ha resultado ser una de las reflexiones más importantes de mi vida: «Pues a ningún lado, la negatividad no me ha llevado a ningún lado».

Así que pensé: ¿Por qué no intentar algo diferente? ¿Por qué no probar con una actitud diferente? ¿Ser positiva, por ejemplo?

A principios de este año, decidí cambiar el chip. Literalmente, como si fuera un robot, actualicé mi sistema operativo por uno más positive-friendly.

¿Nuria, cómo lo hiciste? Pues tengo que reconocer que no fue fácil. Cuando tienes ciertos hábitos tan arraigados, es complicado cambiarlos, pero entendí que no tenía otra opción.

Empecé con una nueva rutina matutina que seguiré creo que para el resto de mi vida. Todas las mañanas escribo en mi diario de afirmaciones positivas una lista de cosas por las que estoy agradecida. También leo mis afirmaciones en voz alta y describo mi vida perfecta en un cuaderno como si ya la estuviera viviendo.

Además, practico yoga, meditación y repito en voz alta pequeños mensajes positivos y mantras a todas horas. Por las noches, redacto todo lo que me ha pasado durante el día, buscando siempre lo bueno, incluso si ha sido un día de mierda.

No ha sido un cambio inmediato ni perfecto, pero este enfoque constante y positivo comenzó a marcar toda la diferencia. Y, de repente, las cosas empezaron a suceder. Al principio eran pequeñas cosas, casi imperceptibles, pero poco a poco se convirtieron en algo más grande, más importante y más significativas.

Comencé a encontrar señales por todas partes, como si el universo estuviera respondiendo a mi nueva energía. Conocí a personas que encajaban perfectamente en esta nueva versión de mi vida. Al mismo tiempo, me fui desprendiendo de aquellas personas que, sinceramente, no parecían disfrutar de mi «nuevo yo».

Y es curioso, pero me di cuenta de que verme alegre no le sienta bien a todo el mundo. ¡Jajajaja! Parece que para algunas personas, mi felicidad era incómoda, pero aprendí a dejar ir sin rencor y a seguir adelante con quienes sí compartían mi entusiasmo por esta etapa.

Y, de repente, 2024 llega a su fin, y me va a costar decirle adiós. Hasta ahora siempre había tenido ganas de despedir los años, porque pensaba que habían sido una mierda (aunque ahora me doy cuenta de que no lo fueron). Pero este año será diferente; este año me dolerá un poquito más despedirlo.

Sin embargo, estaré eternamente agradecida por todas las lecciones que me ha dado. Espero 2025 con ansias y mucha energía positiva, lista para demostrarle que estoy preparada para seguir avanzando en este camino de cambio constante. Un camino en el que aprendo a ver el mundo con gratitud y alegría, y a ser consciente de cada segundo que pasa para saborear todos los regalos que me seguirá ofreciendo.

Feliz año a todos. Espero que encontréis ese año que os haga sentir lo mismo y que os impulse a ser mejores versiones de vosotros mismos.