Mi propia montaña rusa

No sé qué me pasa estos días, pero no me da tiempo para nada, o quizás yo no hago tiempo para nada. No sé, puede ser el calor, puede ser mi avanzada edad, la menopausia… Algo me está impidiendo redactar más a menudo y lo echo de menos, así que a ver si puedo volver a ser un poco más disciplinada. Hoy he querido escribir porque, como siempre, me pasan una serie de cosas que me hacen reflexionar y que me gusta compartir con vosotros. A ver si también reflexionáis o simplemente pensáis… esa Nuria es una gilipollas, ¡jajaja! Lo digo en broma, no empecéis a juzgar… ¡Vamos allá!

Todos sabéis que mi vida es una montaña rusa (como la del resto de la humanidad). Lo único es que, a veces, pienso que en mi montaña rusa no hay cinturón de seguridad ni un botón de STOP, por lo que el trayecto es continuo y me agarro por mi preciosa vida. Actualmente, creo que estoy en la parte de la atracción donde bajas súper, súper rápido (me agarro fuerte porque si no…) y estoy a punto de volver a subir (y ya sabemos qué pasa después de subir, ¡jajaja!). En fin, sigo, que si no este post se hace eterno. Me doy cuenta de que estoy en un punto de mi vida en el que me da igual todo, pero a la vez, todo me preocupa, ¡jajaja, es que…! ¡Jajaja! Vale, vale, que llego al punto, ¡joder!

Empiezo por las «mierdecitas» que me han pasado y me han hecho reflexionar. Primero, estas últimas semanas me he encontrado con personas que hacía tiempo no veía. Me he alegrado ver a algunas mucho y a otras no tanto. La cosa es que me di cuenta de que cada persona me trató de una manera u otra dependiendo de en qué situación les dejé la última vez, es decir, cuál era mi situación de vida en ese entonces y cómo estaba yo. Por ejemplo, una persona me dijo: «Yo estoy genial, tengo trabajo, la familia está bien, me va súper, súper bien» y añade «lo siento», como diciéndome que sentía mucho que a él le iba todo bien y que estaba seguro a mí me iba todo mal (bueno, es entendible, ¡jajaja!) y me miró con pena. Me hizo pensar que dejas una impresión en cada persona con la que interactúas y que se quedan con lo que perciben de ti. Muchas veces no van más allá de preguntarte o intentar saber por qué te sientes así o si sigues sintiéndote así. La situación me pareció un poco violenta y le contesté: «Siento que sientas que tienes que sentir» y me di la vuelta y me fui, ¡jajajajaja!

Otra cosa curiosa que me ha pasado y que me ha abierto un poco los ojos es el tema de ser mujer. No me considero feminista porque esa palabra, creo, ha tomado una definición que no es. Soy pro igualdad y pro que cada uno haga lo que le salga del xixi sin hacer daño a nadie. Pero, en un curso sobre planes de igualdad al que asistí, me di cuenta de que a las mujeres nos queda un largo recorrido y que, aunque quiera pensar que soy moderna y liberal, vengo de una generación donde el patriarcado reinaba (sigue haciéndolo, pero un poco más light) y me estoy dando cuenta de todo lo que he hecho o NO he hecho por el «qué dirán» o por «eso no lo hace una señorita».

De jovencita fui muy liberal (adelantada a mis tiempos) y me dieron palos por todas partes. En vez de seguir adelante con mis pensamientos y acciones, decidí amoldarme a la sociedad y hacer lo que esperaban todos de mí. Ahora me doy cuenta de que no he sido honesta conmigo misma, que he hecho un deservicio a otras mujeres, sobre todo a las siguientes generaciones, y que por miedo al «qué dirán» he sido una cobarde.

Con este post quiero animar a todas las mujeres (o hombres) que estén cohibidos por miedo al «qué dirán», que por favor piensen en lo que realmente quieren, que harían si nadie les juzgara, y hagan todo eso que está dentro de si mismos.

Yo voy a intentar buscar un cinturón de seguridad para mi montaña rusa, para poder disfrutar libremente de la experiencia. Voy a encontrar el botón de STOP y no lo voy a parar del todo, pero le daré un pause de vez en cuando.