¿Lo has pensado alguna vez?

¡Hola a todos! Sí, cada vez tardo más en escribir y contaros mis mierdecitas, y no es porque no tenga mierdecitas que contar, sino porque no sé si os está pasando a vosotros también. Parece que el mundo gira mucho más rápido que antes, o quizás solo es mi parte del mundo… Da igual lo que sea. Lo que quiero decir es que no tengo tiempo para todo, pero al mismo tiempo, sí tengo tiempo para todo… Jajajaja, ni yo misma sé lo que digo. El post de hoy es para que reflexionéis sobre varios temas que me han estado rondando la cabeza estos días, y he pensado: pues lo comento con la gente, a ver qué dicen ellos… ¡Vamos allá!
El otro día, cuando volvía de Madrid bajando las escaleras mecánicas para pillar el tren, una pareja ya mayor se cayó enfrene de mí y formó un atasco de gente. Si no hubiera sido por la rápida actuación de una de las trabajadoras de la estación, no creo que estaría aquí ahora mismo redactando esto. De repente, miré hacia atrás y vi a toda la gente que venía hacia mí. Yo estaba justo abajo, a unas personas detrás de la pareja, y empecé a ver cómo en unos segundos iba a tener un montón de personas encima de mí, asfixiándome y aplastándome… Os juro que lo primero que pensé fue: «Joder, Nuria, si al final vas a morir aplastada en una escalera mecánica en una estación de tren, eso no tiene mucho glamour». A raíz de ahí, mi mente ha empezado a pensar en la muerte, primero porque con mi madre tan delicada, todos los días pensamos que va a ser su último (aunque viendo cómo va y lo invencible que es, al final nos va a sobrevivir a todos).
Y por eso el título de este post: ¿Lo has pensado alguna vez? Sí, en tu muerte. ¿Te has parado a pensar cómo vas a morir? Ya, ya, joder Nuria, qué macabra eres (ya me conocéis, hablo sin filtros de todas esas cosas que os incomodan, me encanta jajajaja). Pues, tengo que ser sincera y decir que no, claro que no. ¿Por qué coño voy a pensar en eso, joder? cuando hay mejores cosas en las que pensar, como en vivir y vivir cada momento. Pero creo que de vez en cuando hay que pensar en la muerte, porque si lo hacemos, viviremos más intensamente. La muerte nos recuerda que nuestro tiempo aquí es limitado y que cada segundo que pasa es un segundo ya regalado a la muerte.
Conforme nos hacemos mayores, la muerte está más presente en nuestras vidas. Nos acompaña y se presenta de vez en cuando, tipo diciendo «¡Yujuuu, aquí estoy!», y nosotros, acojonados, salimos corriendo de ella para no enfrentarla, pensando que, corriendo de ella, escaparemos de su propósito. Corred todo lo que queráis, pero finalmente os pillará. Y cuando os pille, qué queréis decirle? ¿Tendréis todos vuestros deberes hechos? ¿Estaréis preparados para ir con ella? ¿Suplicaréis por más tiempo? ¿Os dará tiempo de decir adiós? No vamos a tener mucho control sobre algunas de estas preguntas, pero sí tenemos control sobre cómo intentamos responder ante la vida ahora, en el presente, aceptando nuestro destino. Sonriendo a la muerte, dejando que nos acompañe y pueda disfrutar con nosotros de nuestra vida, que también debemos coger de la mano.
Con todo esto, os invito a vivir cada día como si fuera el primero, no el último. Haced todo eso que queréis hacer, todo eso con lo que habéis soñado. Empezad a eliminar las cosas materiales y a recopilar experiencias. Olvidaos del «qué dirán»; si va a dar igual, en 100 años todos estaremos muertos, todas nuestras pertenencias estarán ya en un vertedero y ninguno de nuestros descendientes sabrá quién éramos (¿vosotros sabéis quiénes eran vuestros tatarabuelos?). Así que va a dar igual lo que otros piensen de ti; solo importará lo que tu alma recuerde.





