El dilema de Nuricoco

Lo sé, tardo mucho entre post y post. El tema de los blogs está muerto, pero yo insisto, porque para mí la escritura siempre ha sido un refugio en tiempos críticos. Al final, me expreso mucho mejor escribiendo que hablando, y porque, en cierto modo, es una droga a la que estoy enganchada desde pequeña. Una adicción sin cura ni terapia posible, porque, paradójicamente, la misma droga es la cura.
Así comienzo este post de febrero, sentada en mi escritorio, necesitando más que nunca que mis palabras me ayuden a responder las dudas que me rodean.
Os lo explico todo…
Los dilemas, como la escritura, siempre han estado presentes en mi vida. Y, como buena Libra, indecisa e insegura, me cuesta mucho tomar decisiones. Siempre puedo ver los dos lados de una situación, lo blanco y lo negro, y me siento cómoda en ambos, por lo que decidir algo se convierte en un auténtico infierno.
Los que me conocéis sabéis que no me gusta tomar decisiones. Tardo muchísimo y, muchas veces, después de elegir algo, cambio de idea… y vuelvo a cambiarla mil veces más. Hasta cuando voy a un restaurante, solo ver el menú me genera ansiedad, así que casi siempre dejo que otros elijan por mí. (Bueno, también porque me gusta todo y como de todo… así estoy, jajaja).
Muchas veces le digo a los camareros: «Sorpréndeme», y se me quedan mirando, incrédulos, con cara de WTF? . Pero yo insisto… y al final, ceden.
Joder, como siempre, me alargo en el prólogo y al final muchos de vosotros ni llegáis a la chicha del tema… Pero si habéis llegado hasta aquí, primero enhorabuena, y segundo, vamos allá.
Los dilemas son una caca, pero hay que afrontarlos de cabeza, analizarlos y diseccionarlos pieza a pieza, idea por idea, decisión por decisión. Hay que reflexionar (ya sabéis lo que me gusta reflexionar) y, sobre todo, hay que llegar a una conclusión. (Aquí ya me pierdo, jajajaja).
Pues bien, mi dilema de hoy (bueno, en realidad, de los últimos tres años) es mi casa… ¡Voy, voy, ahora os cuento, joder!
Ays, el euríbor, el euríbor… Pero antes de eso, volvamos al pasado.
Cuando llegamos a España hace 20 años, mi ex y yo podríamos haber comprado esta casa al contado pero nooo… ¿para qué hacer eso cuando se puede pedir una hipoteca (y más de lo que costaba la casa) para tener cash on hand? (Bueno, ese era el razonamiento de mi ex, y en aquel entonces, yo era «Nuria cero conflictos, tú di que sí a todo y ya está»).
Otro de mis fallos: no me gustan las peleas ni los conflictos, así que prefiero estar de acuerdo con todo, aunque en realidad no lo esté. No sé, al final parece más fácil. (Ya, ya sé que no lo es, joder).
Total, hipoteca. Y unos años más tarde, divorcio. Mi ex se pira a China y me deja, como dice él, «con la casa». Sí, sí, me la deja en escritura… pero también con la hipoteca.
Y ahí va Nuria, sola, con dos niños pequeños, afrontando una hipoteca. Y Nuria, como no quiere que sus hijos sufran más de lo debido tras el abandono de su padre, hace todo lo posible por mantener la casa… incluyendo malas decisiones para alargar la hipoteca y poder afrontar los pagos. (Sí, sí, porque dinerito del ex no entraba).
Por unos años, todo bien. La hipoteca era bajita y, aunque se alargara, pensé: «Bueno, ya iré amortizando».
¿Pero qué pasó…?
Ays, el euríbor, el puto euríbor…
Y ya son casi tres años con un pago de hipoteca que es muy difícil de digerir y asumir. No puedo cambiar a una hipoteca fija porque mi ex sigue en ella, y a mí nadie me concede una nueva porque soy «vieja» y no gano lo suficiente.
Así que, por fin, el dilema…
Opción 1: Seguir pagando la hipoteca
Mis hijos y yo afrontamos 15 años más pagando una burrada en intereses, pero al final nos quedamos en una de las mejores zonas de la Comunidad Valenciana, en un piso de puta madre, con todos los servicios cercanos.
Una urbanización de lujo, con piscina, pista de pádel, gimnasio, salas de ocio, jardines, parking, trastero, terraza, vecinos amables… y cerca de la playa.
Además, sin necesidad de mudarnos otra vez (sería mi decimoséptima mudanza) y con la posibilidad de cuidar a mi madre aquí hasta el final.
Opción 2: Vender la puta casa
Vender, liquidar la hipoteca y comprar otra al 100% sin deudas, sin deber nada a nadie. Pero claro…
Por lo que podría pagar, sería en una zona a tomar por el culo, con menos metros, menos dormitorios, menos baños, en un sitio probablemente menos deseable y lejos de todo.
Tener que mudarme una vez más, encajarnos cuatro personas en un piso de dos dormitorios (eso es lo de menos), pero sobre todo, descuadrar a mi madre.
Llevo tres años intentando tomar una decisión. He hecho excels con pros y contras (me encantan los excels), he reflexionado, he meditado, he consultado con mis diosas, he escrito sobre ello, he visualizado, he hablado con expertos, con mis hijos, con mi familia, con mis amigos cercanos, con mi chico…
Y al final, todos me dicen lo mismo:
«LA DECISIÓN ES TUYA».
Lo peor que me pueden decir. Eso es como clavarme una estaca en el corazón.
Pero después de todo… he tomado una decisión.
No os la voy a decir. Quiero que la adivinéis y que me dejéis en los comentarios vuestros propios dilemas. ¿Cómo los habéis afrontado? ¿Cómo lo habéis decidido?
Os leo.






Carmen Pacheco Castellanos
La vendes
nuricoco
pues siii
Corinna
Te quedas dónde estás porqué es la mejor opción!
nuricoco
ummm cold.. jajaj