Convivencia Coronavirus day 6

Convivencia Coronavirus DÍA 6 miércoles, 18 de marzo 2020

Pues aquí amanece el día 6, casi una semana aislados, y sigo sin ver un pajarito… ya me estoy preocupando un poco. Esto ya se está convirtiendo en el Día de la Marmota, estilo Coronavirus… “Same Shit Different Day”, como digo yo, y nos queda mucho más por delante. Ayer, en uno de mis grupos de WhatsApp, dije (en broma, bueno, podría ser real, quién sabe qué va a pasar): «¡Vamos a Morir Todos!». Parece que ese tipo de broma no es bien recibido en estos tiempos. A ver, morir, morir, vamos a morir todos, no entiendo cuál es el problema. Puede ser que mi tono irónico no sea apropiado para todos en estos momentos, así que pido disculpas si digo algo que no os guste… pero… «¡Vamos a Morir Todos!»

Hoy quiero reconocer la solidaridad de mis vecinamigas (y sus maridos… la compra en casa en estos días, gracias a uno de ellos, no sé cómo agradecerlo). Todas son maravillosas y exitosas. Tenemos a la más valiente de todas, mi vecinamiga médico, que está luchando día tras día para enfrentar este virus y tiene que aguantarnos a todas cuando le hacemos mil preguntas. La pobre ya se esconde de nosotras. También contamos con la emprendedora farmacéutica que tiene una maravillosa tienda de cosmética orgánica natural llamada VerumNatura. A ella la estamos molestando todo el día para que nos dé cremitas o vitaminas naturales para estar más guapas (aunque en estos días tenga poco glamour). Luego está la muy elegante directiva bancaria que se convierte en nuestra voz de razón y calma cuando todas estamos confundidas. Y no podemos olvidar a la funcionaria que, si no le gusta el nombre que quieres darle a tu hijo/a, te convencerá de cambiarlo. Cada una de ellas ha estado en mi vida durante 16 años, y sin ellas, no sería nadie. Quiero agradecerles públicamente por estar siempre a mi lado, aguantar mis dramas y hacerme reír.

Después de todo ese rollo, os cuento que mi hija salió de su «coronacueva». Pero lo hizo solo para gritarle a su hermano y pedirle que saliera a comprarle magdalenas, como si fuera un asunto de vida o muerte. Dijo que ella no se arriesgaría a contaminarse y que, si alguien tenía que correr el riesgo, sería su hermano. Después de una discusión civil, mi pobre hijo fue a comprarle las putas magdalenas a su hermana. Y al llegar,  repetimos el tema de descontaminación que os conté el otro día.

Oh, momentos familiares tan preciosos para recordar toda la vida. Es que adoro a mis hijos: tan civilizados, tan educados, tan guapos; son un orgullo. El amor que se tienen uno al otro.

 

Por otro lado, mis amigas creo que ya están volviéndose locas, y esto acaba de empezar. A una de ellas le ha dado por coger el bajo de sus cortinas y limpiarlas. Hasta aquí bien, es bueno tener la casa limpita. Pero cuando las vuelve a colgar y se han encogido… Mal asunto. Me dice: «Cada diez minutos les doy un tirón a ver si desencogen». Bueno, así por lo menos no se aburre. No digo más jajajajaja.

Por otro laco decir que, en estos días que estamos viviendo, me he quedado sorprendida por la cantidad de personas y empresas que de repente están regalando sus productos, información, compartiendo datos, etc. Y pienso, ¿y si siempre fuéramos solidarios y no solo cuando nos vemos afectados por una crisis? Siempre he intentado regalar servicios, ofrecer ayuda, dar formación y lo que viera necesario sin esperar a una pandemia… Just a thought. De hecho, he comunicado a todos mis contactos que estoy disponible para ayudar a cualquier persona que tenga un pequeño negocio o simplemente necesite ayuda informática para poder afrontar esta temporada.

Y por último, quiero decir que aunque todo lo que os cuento lo hago de forma cómica, lo que está ocurriendo es muy serio y nos está afectando directamente con casos muy cercanos. No dejo de ver los datos en directo sobre el impacto a nivel mundial, y aunque no quiero alarmarme, simplemente quiero recordar a toda la importancia de quedarse en casa.

Dicho esto, me voy a la cama. Aunque esto parezca muy divertido y bonito, me quita mucho tiempo, pero no me quejo porque es lo que me está ayudando a afrontar esta convivencia en soledad.

Ah, otro día que no llego a tiempo para aplaudir, aunque mira que mi madre (os recuerdo que tiene Alzheimer, jajaja, os lo recuerdo como si vosotros tuvierais Alzheimer, jajajaja) eso sí que lo recuerda. Dice: «¿No tenemos que aplaudir hoy por la ventana?». Se acerca varias veces al día esperando… No sabe por qué, pero le gusta.

Reflexión del día:  ¿Por qué de repente la gente y las empresas se vuelven tan solidarios? Puede ser que ser solidario en tiempos de crisis cuesta menos dinero que si no lo estamos. 

 

La amistad no tiene distancia