Perdida, pero no invisible

El 22 de abril hace un año que murió mi madre… y os juro que hay días que sigo pensando que fue ayer. Otros, en cambio, siento que han pasado diez vidas. Supongo que así funciona esto del duelo… te descoloca el calendario y el alma.
Este año ha sido duro. No solo porque la echo muchísimo de menos, sino porque me he dado cuenta de algo: llevo más de seis años cuidando. Cuidando de ella, cuidando de mis hijos… y en ese proceso, sin darme cuenta, me fui borrando yo.
Y claro, cuando dejas de ser “fun and games”, cuando ya no eres la divertida, la disponible, la que siempre está… parece que dejas de interesar. Algunas amistades se fueron cayendo por el camino. O igual fui yo la que se cayó… tampoco lo tengo del todo claro.
La realidad es que me dejé. Me olvidé de quién era. Di todo lo que tenía para que mis hijos estuvieran bien y para que mi madre se fuera en paz… y lo volvería a hacer, sin duda. Pero el precio fue perderme.
Y ahora estoy en modo “¿alguien ha visto a Nuria?”.
Busco por todos lados… pero oye, tengo que reconocer que he elegido un escondite buenísimo, porque no hay ni rastro de mí. Ni miguitas de pan. Ni GPS. Nada.
Quiero encontrarme, de verdad. Pero no es fácil. Y tampoco ayuda que ya no haya mucha gente diciendo “oye, ¿te ayudo a buscarte?”. Parece que, oficialmente, he pasado a la categoría de “modo invisible”.
Que oye… igual va a ser verdad eso de que cuando una mujer cumple cierta edad, desaparece del radar.
Aunque sinceramente, con los kilitos de más que tengo ahora mismo, desaparecer tiene mérito. O sea, soy como un ninja emocional… pero en versión XL.
Eso sí, curiosamente, hay un sitio donde sí me encuentran: los rodajes.
Y esos universitarios creativos maravillosos que me llaman, confían en mí y encima me dan las gracias por trabajar con ellos… cuando soy yo la que debería darles las gracias por verme.
Porque ahora mismo, son de los pocos que realmente me están viendo.
Mi familia y mi pareja también me encuentran… de vez en cuando. Pero lo mejor es que me dejan volver a esconderme. No sé si porque respetan mi proceso… o porque han pensado: “mira, déjala ahí un rato más, que igual sale sola”.
Y aquí estoy. Perdida… pero no del todo. Invisible… pero con momentos de foco.
Buscándome. Sin prisa… pero sin pausa.
Creo que, pasado este año, ya voy teniendo claro dónde estoy… y que no quiero volver a esconderme. Creo que estoy casi preparada para salir. Me seguiré buscando, sí… pero también me voy a pedir coraje para afrontar mi presente y mi futuro.
Ha sido un año muy duro en todos los sentidos, pero sé que tengo que salir del escondite… aunque sea poco a poco, aunque todavía me tiemblen las piernas. Porque esta vez no quiero desaparecer… quiero estar.
Si alguien me ve por ahí… que me avise.
Aunque aviso: igual cuando me encuentre… no vuelvo a esconderme tan fácil.





