Las olimpiadas de la vida

Hello my friends! Parece que cada vez tardo más en escribir posts en mi blog, y no es porque no quiera o no tenga tiempo. Creo que es porque me pregunto: «¿Qué coño les voy a contar que les interese?» Luego pienso: «Nuria, este blog es tu puto diario». Y entonces me digo: «Si ya te pasas el día hablando contigo misma, ¿por qué escribirlo?». Jajaja, como veis, estoy un poco cucu… Pero hoy pensé: «What the Fuck? Vamos a escribir algo». Y como llevo dos semanas enganchada a las Olimpiadas, ¡es el tema perfecto!

Desde pequeña, las olimpiadas me han fascinado. Creo que mi primer recuerdo fue ver a Nadia Comaneci realizar sus ejercicios de 10 en las olimpiadas de 1976. Yo tenía 8 años y recuerdo perfectamente a esta mujer saltar por los aires con una elegancia y perfección, sin ningún miedo, segura de sí misma; era una diosa. De ahí nació mi fascinación por la gimnasia y, luego, por otros deportes (mis favoritos, aparte de la gimnasia, son la natación, los saltos de altura, el atletismo… en fin, creo que podría pasarme todo el día viendo cualquier deporte). Pero me pregunto por qué, y en parte lo que me fascina es la competición. Sí, la competición, pero no por el mero hecho de ver quién gana, sino por ver todo lo que esa persona ha hecho para llegar a donde ha llegado: los sacrificios, el esfuerzo, y poder ver la emoción de los ganadores, pero también la frustración de los perdedores. Poder ver historias de personas que llevan años luchando e intentando ser los mejores y ver cómo algunos lo consiguen y otros no. Y pienso, ¿por qué es así? ¿Por qué algunos sí y otros no? ¿Tienen más talento? ¿Han trabajado más? ¿Es la genética? ¿Estado mental?

Las olimpiadas también te hacen ver que el triunfo de los atletas no se debe solo al esfuerzo, talento, genética, etc. En gran parte, es gracias a las personas que los rodean y los apoyan, no solo económicamente, sino, lo más importante, emocionalmente. Al final, eso es lo más crucial. Puedes tener genética, trabajar duro y tener suerte, pero sin apoyo emocional, todo puede irse a la mierda. Hay muchos ejemplos de esto, os recomiendo la película «La Caída», que demuestra esta realidad.

Y ahora, después de todo esto, llegamos al núcleo de mi post: ¡las olimpiadas de la vida! Sí, nuestra vida es una gran olimpiada, una competencia con otros, pero más importante, una competencia con nosotros mismos. Durante nuestra vida, competimos para ser los mejores y lograr metas, a veces ganando la medalla de oro, otras veces conformándonos con la plata o el bronce, y en muchas más ocasiones quedándonos últimos, o peor, cuartos, tan cerca pero tan lejos. Nos vamos colgando las medallas en nuestra mente, nuestro alma las va almacenando, las derrotas también se cuelgan en nuestro interior y esas algunas veces pesan más que las medallas.  Nos evaluamos a diario y entrenamos día tras día para ser los mejores, buscando el reconocimiento de otros. Luchamos por nuestros sueños, a veces ante un público que nos anima y otras veces solos, en silencio, con nuestros demonios.

Yo tengo algunas medallas de oro (reconocidas por mí misma, jajajaja). A ver, cada uno se evalúa como puede, ¿no? Pero creo que en la «competencia» de la vida debemos saber cómo entrenar, cómo mantener el foco, y quiénes deberían ser nuestros entrenadores, aquellos que nos ayudarán a motivarnos. Necesitamos saber de qué cosas alejarnos. Al final, las medallas no importan tanto; lo más importante es saber competir con ilusión, ganas, y siempre siendo fiel a uno mismo y respetuoso con el competidor.

Os animo a hacer un recuento de vuestras medallas y derrotas, de quiénes os han entrenado, quiénes han sido vuestros animadores, y quiénes han intentado interponerse en vuestros sueños. También os invito a reflexionar sobre por qué habéis ganado algunas veces y perdido otras. ¿Cuáles han sido las causas? ¿Qué tipo de competición os gusta más? ¿En qué estáis entrenando ahora mismo? ¿Quiénes son vuestros competidores? ¿Dónde guardáis las medallas? ¿Con quién compartís vuestros logros?