Estoy sirviendo una condena en una cárcel Noruega

Ya, lo sé, os ha sorprendido el título de este post, pero quería ser clara y precisa, y creo que el título es perfecto. No quiero dar muchos detalles todavía de qué se va a tratar este post, os dejaré en suspense un poco más. Solo deciros que aunque el título pueda sonar alarmante, está todo no solamente controladísimo, sino que estoy encantadísima… Con eso empezamos…

«¿Por qué ese título Nuria?» «¿Qué coño te pasa estos días?» «Estás un poco negativa», «No me gusta de lo que hablas», jajaja. Lo siento, quería comenzar replicando vuestros comentarios hacia mí (de algunos de vosotros). Son graciosos pero poco constructivos, un poco más de ánimo, chicos… Bueno, a lo que voy, que me pasa siempre, me lio, me lio y al final tardo en contaros lo que os quiero contar.

Antes de empezar hay que saber, ¿Cómo es una prisión de Noruega? Pues una prisión en Noruega es de lujo. El sistema carcelario del país escandinavo incluye celdas con comodidades de hotel y actividades recreativas con los guardias, a los que llaman “mentores”. Celdas individuales con baños en suite, nevera, televisor de pantalla plana, escritorio y una bella vista al bosque. ¿A que suena yupi? Pues ahora entended el título.

Como sabéis, cuido de mi madre que padece de Alzheimer (demencia senil) y no puedo dejarla sola ni un segundo en casa, y como yo soy su cuidadora principal, no puedo salir de mi casa tan a menudo. En realidad no me quejo mucho, pero es verdad que algunas veces, después de estar, a lo mejor, una semana sin ver la luz del día, me deprimo un poco y me quejo.

El otro día fue uno de esos días en los que me dio por quejarme un poco, y mi hijo saltó y me dijo: «Mamá, no seas tan quejica, tú imagínate que estás sirviendo una condena en una cárcel de Noruega», y yo, «¿Qué???» Y él, «A ver mamá, sé culta e investiga lo que te estoy diciendo», y continúa: «Mira, por ser tú, el domingo si quieres te doy la condicional por un par de horas», y yo, «¿La qué? ¿Por qué?» No me dijo nada más y se fue por la puerta libremente (él no está sirviendo ninguna condena).

Todo esto me hizo reflexionar. Primero investigué eso de la cárcel, y pensé, pues si alguna vez tengo que cometer un crimen, ya sé dónde tengo que ir. Después pensé, en parte tiene razón. A ver, yo no lo considero una condena, pero sí que estoy un poco condenada a estar en mi casa con poca libertad, pero puedo estar en un sitio peor. Primero, tengo tiempo para estar con mi madre en sus últimos días. Tengo tiempo para hacer todas mis chorradas (como redactar en este blog). Tengo tiempo para meditar y hacer ejercicio cuando quiera. Puedo escaparme en algunos momentos a la urbanización y dar un pequeño paseo. La comida me la traen a casa. Hago lo que me sale del chichi a la hora que quiera… Joder, ¿Qué más quiero?

Durante los cuatro años de la enfermedad de mi madre, he ido aceptando cada cosa como ha venido, he ido adaptándome y aprendiendo a vivir de una manera diferente. Ya soy toda una pro en nuevos hábitos en situaciones cambiantes y en reaccionar o no a todas las cosas que pasan a mi alrededor. Es verdad que llevo unos meses un poco negativa y desesperada, pero creo que es normal y tengo que permitirme tener algún bajón alguna que otra vez. Agradezco a todas esas personas que siempre, siempre solo me envían mensajes de apoyo sin ningún consejo adjunto, y pido a las personas que están constantemente dándome consejos NO solicitados (los agradezco) que por favor solo me den consejos cuando los pida.

Por hoy es todo… Ah, deciros que mi último post «Enhorabuena Nuria has fracasado» tocó a algunas personas, a raíz de esto tengo otro post preparado para ampliar y contaros las respuestas de cada uno de vosotros… Pero solo quiero adelantar que una persona me llamó y me dijo. «Nuria, dices en tu post que hay que dar la enhorabuena a alguien si se le muere alguien, se acaba de morir mi cuñada, ¿le doy la enhorabuena a mi marido?» y yo «Pues claro, amiga» (todo de buen rollo eh, no os asustéis). Hasta luego…