Convivencia Coronavirus day 9

Convivencia Coronavirus DÍA 9 sábado, 21 de marzo 2020

Ahora entiendo a mi madre cuando todos los días me pregunta: «¿Qué día es?» Los fines de semana ya no tienen el mismo sentido, nada en realidad tiene sentido hoy en día. Ya no sé si escucho pajaritos (aunque dicen que los pobrecitos están pasando hambre, ya que no hay porquería en el suelo para que se coman). Bueno, o eso o se aburren, pero mirad este video y ya me decís.

Empieza nuestro fin de semana de reclusión. No hay aperitivos (bueno, físicos, porque aperitivos virtuales con mis vecinamigas hay muchos), ya no hay paseos por la playa, no hay que llevar a mi hijo al fútbol temprano (eh… eso no lo he echado mucho de menos, jajaja, el pobre).

Bueno, os cuento que hoy me llegó el pedido de comida que compré por internet hace 1 semana. Me llamaron a las 9 de la mañana (y a mí que me encanta que me despierten tempranito, sí, 9 es temprano para mí, jejeje) y me dijeron que alrededor de las 10 vendrían a traerme mi pedido. Debo admitir que aunque soy muy dormilona, ahora poder despertarme temprano y escuchar el silencio de la mañana sin oír los «¿Podemos salir ya? Tengo hambre. Esto es una p*** mierda…» es una maravilla.

En fin, me gusta mucho desayunar cotilleando el vecindario (sí, seré como la vieja del visillo). Esta mañana, en mi cotilleo matinal, primero vi cómo los adolescentes ahora quedan para ir a hacer la compra. Vi a un jovencito con el carrito de la compra disimuladamente mirando su móvil, ahí paradito, y a lo lejos vi a otra jovencita con otro carrito de la compra. Voilà, se encontraron y se fueron juntos.

Bueno, retomando el hilo, que  me lio… de repente vi un camión de mobiliario y pensé, ¿Quién coño está haciendo mudanza o comprando muebles en medio de esta p*** pandemia? Y me sorprendí cuando vi a dos hombres sacando lo que en pocos minutos me di cuenta de que era mi pedido. Parece ser que los supermercados no dan abasto y están subcontratando.

 

La descontaminación sigue siendo una tarea interesante en nuestra casa. Ya no sé qué descontaminar. Intento mantener todo limpio, las bolsas que entran de la compra, el perro que entra, el hijo… Estoy totalmente paranoica. Intento no tocarme la cara, aunque ahora parece que tienes más ganas de tocarte los ojos, sacarte un moco, yo qué sé (o me pasa solo a mí). Escribiendo esto en este momento, me pica la nariz. No te toques, Nuria, no lo hagas, sé fuerte, tú puedes.

Llegando a esta fecha de aislamiento, mi hijo dice: «¡Oh, p*** mierda, ya he visto todo lo bueno de Netflix!». Debo decir que yo (por ahora) no he caído en la trampa de Netflix y he estado ocupada con proyectos que había dejado de lado (como este blog). He aprovechado el tiempo para realizar algunos cursos y talleres, además de ayudar a personas con temas tecnológicos.

Reflexión del día: No sé vosotros, pero hoy por primera vez noto cómo el mundo que antes giraba como loco ha frenado de repente, ha detenido su marcha con fuerza y estoy viendo a los afectados ahora paralizados para siempre.

 

Desde dentro ya no quiero mirar hacía afuera