Volver al origen: cuando la vida te devuelve a la interpretación

Durante mucho tiempo he contado historias desde otros lugares, pero hoy quiero hacerlo desde aquí, desde mi experiencia como actriz. Porque hay momentos en la vida en los que todo cobra sentido y encaja, aunque haya tardado más de tres décadas en hacerlo.
En los últimos meses me han ocurrido cosas inesperadas, sorprendentes y profundamente reveladoras. Situaciones que me han obligado a mirar hacia atrás y entender que lo que está pasando ahora empezó hace mucho más tiempo del que imaginaba.
No fue algo planeado. De hecho, ocurrió casi por casualidad.
Hace aproximadamente un mes, una chica llamada Mara me escribió por WhatsApp. Me comentaba que estaban buscando actores jóvenes que hablaran inglés para una serie que se iba a rodar en breve. Yo, automáticamente, pensé en ayudar. Le hablé de mi hija e hijo, aunque una prefiere estar detrás de la cámara y el otro es bastante tímido. Aun así, me ofrecí a mover el casting entre mis contactos internacionales y grupos de actores.
Unos días después, volvió a escribirme: “También estamos buscando a alguien para hacer de la madre. Es un papel pequeño. ¿Podrías enviarme un vídeo tuyo diciendo tu nombre, edad, etc., para que lo vea el director?”
Mi respuesta fue inmediata y sincera: “Yo hablo inglés, pero no soy actriz.”
Ella me dijo: “No pasa nada, tú envíamelo”.
Así que me grabé, sin expectativas, y se lo envié añadiendo un mensaje bastante claro: “Espero que no me elijan”. Nos reímos. Pasaron unas semanas y el tema quedó en el olvido.
Hasta que un viernes por la noche, cerca de medianoche, recibí otro mensaje suyo:
“Por favor, cuando te despiertes, grábate diciendo estas frases. El director quiere verte”.
A la mañana siguiente dudé. Mucho. Y entonces pensé: ¿Qué es lo peor que puede pasar?
Sin maquillaje, con el pelo tal cual, grabé las frases. Y volví a añadir el mismo mensaje: “Espero que no me elijan”.
Un par de horas después me llamaban de producción para enviarme el contrato y decirme que el lunes tenía que estar en el set.
Me mandaron un guion de 117 páginas y una frase muy clara: “Tú eres la madre”.
Ese fin de semana fue intenso. Memorizando texto, buscando vestuario, construyendo un personaje sin apenas referencias previas. El domingo por la noche no dormí. Me repetía las frases una y otra vez. Y al levantarme me dije algo que llevaba años sin decirme con tanta convicción: Nuria, puedes. Confía.
Llegué temprano al rodaje. Poco a poco fue llegando el equipo y, desde ese momento, todo empezó a sentirse irreal y profundamente familiar a la vez. Maquillaje, peluquería, vestuario, compañeros generosos, productores respetuosos, un equipo técnico impecable y un director que me trató desde el primer momento como una actriz más.
Rodé durante cinco días. Cinco días intensos, emocionantes y transformadores. Cada jornada me gustó más que la anterior. El equipo me transmitía confianza, apoyo y profesionalidad. El nombre Taboo Romance y así me enamoré yo también de este nuevo oficio. Tengo que decir que fue una experiencia que me reconectó con algo que nunca se había ido del todo.
Y aquí es donde todo vuelve a encajar.
Desde muy pequeña, antes incluso de enamorarme de la danza, soñaba con ser actriz. Durante mis años en Estados Unidos trabajé como figurante, hice algunos anuncios y estuve a punto de aceptar un papel importante en una película. Pero la vida tomó otros caminos. Volví a Miami, prioricé otras cosas y ese sueño quedó aparcado.
Hoy, más de 30 años después, la interpretación vuelve a llamar a mi puerta.
No llegó igual. Llegó con más vida vivida, con arrugas, con cuerpo real, con experiencia y con una mirada mucho más profunda. Pero la pasión de aquella niña sigue intacta.
El tiempo y el universo dirán hacia dónde me lleva este nuevo capítulo. Yo, por mi parte, estoy lista para vivirlo.





