Nuria Pendas:  Donde empezó todo

Hay recuerdos que no solo se guardan en una foto, sino que marcan un antes y un después.
Este es uno de ellos. Aquí fue, literalmente, donde empezó todo.

Tenía 17 años, acababa de terminar el instituto y aún no sabía muy bien qué iba a hacer con mi vida, pero sí tenía algo clarísimo: quería ser bailarina, modelo y actriz. Mi madre lo sabía mejor que nadie. Ella trabajaba retocando negativos —sí, cuando todo era analógico— y como regalo de graduación le pidió a uno de sus amigos fotógrafos que me hiciera una sesión de fotos. Así, sin más. Sin estrategia, sin expectativas profesionales. Solo como un regalo lleno de cariño y de intuición.

Recuerdo perfectamente la sensación de aquel día.
Era mi primera sesión de moda. La primera vez que me ponía delante de una cámara “de verdad”. La primera vez que alguien me miraba como algo más que una adolescente recién salida del instituto. Yo me sentía enorme… aunque midiera 1,58.

En ese momento todavía no sabía que esa altura no iba a jugar muy a mi favor en el mundo del modelaje. Tampoco importaba. No había presión, ni frustración, ni comparaciones. Solo ilusión, ganas y una sensación muy clara de estar donde quería estar.

Ese vestido azul —tan sencillo y tan cargado de simbolismo ahora— representa el inicio de muchas cosas: mi relación con la cámara, mi amor por contar historias con el cuerpo y la mirada, y un camino creativo que, aunque tuvo muchas pausas y desvíos, nunca se apagó del todo.

Con el tiempo entendí que no todos los sueños se cumplen tal y como los imaginamos a los 17. Pero también aprendí algo mucho más importante: que los sueños se transforman, evolucionan y, a veces, esperan pacientemente a que estemos listas para retomarlos.

Este fue el comienzo.
Y como todos los comienzos importantes, en su momento no parecía gran cosa. Solo una chica joven, un vestido azul y una cámara. Pero visto con perspectiva, aquí nació una parte muy esencial de mí.