No te he olvidado

Perdóname, me he olvidado de ti cuando tú has sido lo único que siempre ha estado ahí. Desde los 10 años, que alguien —y ojalá recordara quién— me regaló mi primer diario, no he parado de redactar. Tengo docenas de diarios que cuentan mi día a día, mis alegrías, mis sufrimientos, mis caminos, mis errores. Documenté todo y seguí aquí, en este blog que convertí público. Me desnudé ante todo aquel que quisiera leer. La cosa es no dejar nada dentro… pero cada vez se hace más difícil, ya que tengo muchas cosas dentro y hay veces que me olvido de ti, y no quiero contarte nada, me lo quiero guardar. Pero llega un momento en que entiendo que no puede ser, que solo tú me escuchas y solo tú dejas deslizar mis palabras por tu hoja en blanco. Y no me juzgas, no me reprochas nada. En silencio me dejas contar todo lo que tengo dentro de mí, que sabes que necesito contar, que sabes que saldrá y saldrá… y jamás parará.
Perdóname por olvidar, perdóname por no confiar en ti y dejar que mi alma se alejara de ti. Hoy estoy aquí para pedirte perdón y pedirte que continúes dejando que mis palabras se deslicen por tus páginas blancas una y otra vez.
Hoy no escribo ni para ti ni para mí. Escribo para vaciar todo lo superficial y poder llegar al fondo… ufff, ok, ya, ya, si habéis llegado hasta aquí, enhorabuena. Vaya parrafada que os he echado. Pero es que mi blog, mis páginas blancas, se merecen un perdón, y vosotros, lectores, igual. Siento haber tardado tanto en volver a redactar mis mierdecitas… aunque lo hago ahora más por las redes, es verdad que mi esencia y mi verdad se ven más claras en mis palabras.
Desde que mi madre me dejó el 22 de abril no he sido yo, ni sigo siendo yo. He perdido una gran parte de mí y, aunque intento olvidar y seguir con mi vida, ella está allí, en mis recuerdos, en mi memoria y en mis sueños. Su voz está en mi cabeza y me sigue diciendo que todo va a estar bien y que sigue conmigo… mamá, te echo mucho de menos, pero es hora de levantarme y de abrir un nuevo camino.
Iba a decir que este 2025 no me ha dado nada bueno, pero eso no es verdad. Me ha dado salud, familia, amigos, trabajo y muchas alegrías. Aunque el universo sigue jugando conmigo y poniéndome al límite, levantando barreras (a lo mejor son imaginarias), por ahora yo las veo y las intento derrumbar. En unas semanas cumplo 57 años, y sigo buscando eso que no está ahí… sigo escuchando mi vocecita interna que me frena cada vez que intento decirle que no tengo miedo, que voy a seguir. Pero la voz empieza a gritar más y más, y el otro día ya le dije que se podía callar un poco, jajajaja.
No quiero que este post sea trágico. Los que me conocéis sabéis que soy una persona muy positiva y alegre, y aunque la vida me ha salpicado mierda más de una vez, yo me sigo restregando esa mierda y la llevo dentro de mí para no dejar que esa esencia de la mierda se pierda, ya que forma parte de mí. Y sin esas mierdecitas que me pasan, no sería quien soy ni quien seré.
Empiezo una nueva etapa de mi vida llena de nuevas libertades, pero dentro de una jaula. Necesito dejar caer esas últimas barras de la jaula para volar libremente y seguir en mi camino de búsqueda de nuevas mierdecitas que me salpiquen.
Os seguiré informando de todo en las redes, pero siempre tendréis este blog para poder escuchar a la Nuria interior, que os contará cosas que la Nuria exterior jamás dirá con palabras habladas, ya que todavía no es capaz.
Así que perdón, blog. Perdón, diario. Perdón, lectores, por haber tardado tanto en volver. Espero que encontréis aquí un espacio secreto dentro de mí.





